El pasado jueves 28 de mayo tuvimos la suerte de disfrutar en Sevilla de la visita de André Stern, quien nos contó sus experiencias e indagaciones en torno al aprendizaje en la infancia.

En un francés pausado, divertido y muy entusiasta, durante dos horas y media, nos tuvo en el Salón de Actos de la Facultad de Ciencias de la Educación, gozando de anécdotas e hipótesis. Ambas borboletas disfrutamos mucho tanto del ambiente como de lo que nos contaba, que aunque pudiera parecer sentido común, sabemos que no siempre es el más común de los sentidos. Especialmente queremos agradecer a la traductora, que hizo una preciosa labor.

Contaba André sobre la disposición espontánea en la naturaleza infantil para aprender y crecer, sin cronologías ni jerarquías.

Y nos preguntaba sorprendido… si lo primero que hace cualquier criatura cuando la dejamos tranquila es jugar y si el juego es la herramienta ideal de aprendizaje… ¿por qué la interrumpimos?, ¿por qué hemos situado el juego y el aprendizaje como una dicotomía si para la infancia ambos procesos son lo mismo? La clave que da respuesta a estas preguntas es la falta de confianza, el miedo.

Y no todo juego o actividad genera aprendizaje, sólo lo hacen aquellas que se desarrollan con entusiasmo

“En estado de entusiasmo tenemos alas, no tenemos límites, nada nos para”

Posteriormente, profundizaba Stern en lo que ha denominado Ecología de la Infancia.
Se trata, defendía, no de una educación alternativa, sino de un alternativa a la educación.

Su propuesta redunda en esos principios que desde Espacio Borboleta son básicos.

La actitud hacia el niño o niña se comprende como pilar fundamental, hablar con las criaturas a los ojos, a su altura, no sólo la física, sino a la altura de su mente y corazón; con honestidad, con respeto y con el tono y la coherencia de hablar a una persona que es parte de nuestro grupo social.

“En lugar de preguntarnos qué enseñar a los niños, tenemos que preguntarnos qué podemos aprender de los niños. Ellos son maestros de la apertura del corazón y la mente”

Y por supuesto, esta ecología de la infancia se basa en la apertura de las criaturas al vasto mundo, fomentado su curiosidad y la búsqueda de la diversidad.

En definitiva, André Stern nos contagiaba su entusiasmo para que pasáramos al otro lado del espejo, para crear un mundo donde cada niño y cada niña se sienta lista y admirada.
Concluyendo con una curiosa afirmación, que nos animara a no cejar en nuestra ilusión de este otro mundo:

“Los peces que nadan contracorriente no hacen esfuerzos”

Para conocer más, te animamos a visionar el siguiente enlace

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